Un buen reclamo para turistas (sean interiores o foráneos).

Tendrás que verlo de lejos, es que se trata del Palacio de Gobierno.

Y un despliegue de medios policiales nos recuerda que la política es lucha de intereses.

Bueno, al fin salen los lanceros y, terminamos sin saber muy bien qué ha cambiado con el cambio de guardia.

Aprovechamos para visitar el palacio episcopal (o arzobispal, qué más da) y la catedral.

Quizá para viajar en carroza, o para hacerte la foto con la llama de turno.

Que no falten las fotos. Hay mucho que ver, y recordar.

Como la Rosa Naútica o el raro carril bici. Raro por lo único. Un único tramo desconectado de todo. Y desempleado, claro.

Modernos centros comerciales alternando con edificios de los más variopintos.

Barrios tranquilos y calles populosas.

Que te ofrecen de los más variados artículos.

Entre el caótico e invasor tráfico.

Aquí se vende de todo y por todas partes.

Y se pueden var hasta ardillas, cruzando la calle, en sus pocas zonas verdes, claro.

Pero, por mucho que haya por ver o hacer en Lima. No hemos venido a quedarnos en ella.

Salimos por la carretera central, hacia el interior.

Si conducir por Lima es toda una aventura para intrépidos pilotos...

salir hacia los Andes no será menos aventura. Y haremos actividades de aventura, ¡cómo no!

En pocos kilómetros el paisaje cambia (aunque no los destartalados vehículos)

y en unos cien kilómetros (en poco más de una hora)

subimos desde el nivel del mar

hasta casi 5.000 metros.

Que no te afecte el "soroche" (el mal de altura), con sus naúseas, mareos, vómitos e insuficiencia respiratoria.

Y, de pronto, te das cuenta de que te encuentras en la vertiente Atlántica, aunque a miles de kilómetros de sus costas.

El paisaje cambia.

Estas viejas rocas guardan muchos secretos, incluso en su composición química.

La industria minera te lo recordará frecuentemente. Por doquier.

Su geología es curiosa, admirable.

Y Jauja, aparte de ser la capital más antigua del Perú sometido, es una de las zonas mineras por excelencia.

Fábricas, humos, camiones...

dicen que es una de las zonas del mundo más contaminada por arsénico y otros agentes químicos empleados en la mimería.

Un lugar azotado por un duro sol, pero de eternos "nevados". Recuerda que son seismiles y sietemiles.

El paisaje se va volviendo más rural, bello y natural según nos aproximamos a Huancayo.

Un amplio y llano valle, que pese a que ve nieve (a lo lejos) casi todo el año, no recibe ni un copo durante décadas.

Estamos a unos 3.500 metos sobre el nivel del mar, pero en el trópico.

Eso confiere a Huancayo una meteorología especial,

un carácter especial.

Sus gentes presumen de no haber sido dominadas ni por Incas, ni por españoles, ni por chilenos.

el resto de Perú sí que cayó.

Son gentes amigables, trabajadoras, orgullosas de su procedencia quechua.

En un entorno verde, fértil, bello.

Tranquilos ríos nacen de sus "nevados" (glaciares) y se encaminan hacia la Amazonía, perezosamente, quizá por el larguísimo trecho que les queda hasta el delta del río más caudaloso del mundo.

Y desde aquí se dirigieron a la Amazonía también los misioneros franciscanos de Santa Rosa De Ocopa.

Podremos visitar las dependencias de este monasterio-museo.

Pero hoy nos toca seguir hacia Huancavelica.

Y observaremos sus luces y sombras.

Gentes sencillas, de recursos modestos.

Pero amigables y abiertas.

Gentes que viven y celebran vivir.

Gentes que ofrecen mucho de lo poco que tienen.

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