Así que, tras asesorarnos y consultarnos Gerarta, decidimos abandonar el barranco a falta de un ráppel y unos cuantos divertidos toboganes (según nos contó), bosque a través, poniendonos a prueba por última vez, con una subida pronunciada, que tenía como recompensa, descanso, agua, un bocata y no menos importante, poder desprendernos de los neoprenos, que ya nos pesaban y molestaban demasiado.

 

Una experiencia inolvidable, que recordaremos el resto de nuestras vidas (entre otras cosas, gracias a estas fotos), y debemos agradecer a Gerarta y Edurne. Un abrazo muy fuerte para ésta, que nos ayudó en todo momento, en esos descensos, incluso cuando recibía a cambio algún golpecillo de una pierna descontrolada (la nuestra).

 

 

 

 

¡Un beso!

(Mónica y el resto de "la pandilla del Inserso": Angélica, Mª José, Rosa, Almudena y Marta).

abiapuntura itzuli (joan)volver (ir) al inicio